De Laguna Beach a Tijuana

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Oliver Stone lleva al cine la novela de Don Winslow y con ella se adentra en el lado más oscuro del individuo.

Los narcos mexicanos ya aparecían en la impresionante y épica El poder de los perros, primera novela de Don Winslow, periodista minucioso que, tras años de investigaciones para sus libros, se ha convertido en uno de los máximos expertos en las mafias, las bandas y el crimen organizado en california. Hace dos años, el autor vino a España a presentar El invierno de Frankie Machine, retrato de varias generaciones de la mafia californiana. Entonces ya estaba escribiendo, junto a Oliver stone, el guion de Savages (Salvajes), sobre su propia novela y a la pregunta de si la marihuana era el gran negocio de las bandas del crimen de hoy, contestó rotundo: “Sí, el mercado de la marihuana hoy es enorme en EE.UU, desde que se ha legalizado el uso de ésta para fines médicos. Antes los mexicanos solían ser simple entregadores, ahora quieren ese mercado desde el cultivo hasta la comercialización. Diría que desde hace cinco años o así ya es la mayor parte de su negocio”. En esa pocas palabras estaba encerrada ya Savages, que ha encontrado en Oliver Stone a un cómplice a la medida para contar la historia en imágenes.

Laguna Beach, en el centro costero de Orange (california), es el idílico paisaje del comienzo de este ‘thriller’. Sol, playas magníficas, chicas y chicos guapos, ricos, con todo el tiempo del mundo… allí viven O (Ophelia), Ben y Chon –interpretados por Blake Lively, Aaron Taylor-Johnson y Taylor Kitsch–, un trío que lo comparte todo. Su historia comenzó con la singular amistad entre Ben y chon, un botánico británico que quiere salvar el mundo y un mercenario, entrenado en el cuerpo especial de los marines. Forman el dúo perfecto para su negocio, el cultivo y venta de marihuana, pero no de cualquiera, de la mejor maría que se ha desarrollado jamás. Esa es la parte de Ben, la de Chon es el trato con ‘ciertos’ clientes. Su hierba es ya legendaria y, como a otros, llama la atención del cartel mexicano de la Baja, que les ofrece una asociación: enseñan a sus ‘soldados’ a cultivar esta maría de primerísima calidad durante unos años y a cambio reciben tanto dinero que podrán dejar el negocio para siempre. Las cosas se tuercen y entre ellos comienza una guerra brutal.

Una violencia atroz, sádica, es la herramienta perfecta de los carteles mexicanos para advertir a víctimas y competidores. Torturas bárbaras que aterrorizan y con las que avanzan en la conquista de uno de los mercados más bestias que se han conocido en los últimos años. nadie dice no a ‘la reina’, la jefe del cartel, la sanguinaria Elena (Salma Hayek), que ha ido aumentado territorio conquistado gracias a su mano derecha, Lado (Benicio del Toro), un tipo bárbaro, feroz…, y a su abogado Álex (Demián Bichir). Entre ellos y los exitosos empresarios, se encuentra Dennis (John Travolta), un agente corrupto de la DEA.

Realmente inquietante y, al mismo tiempo, bastante ilustrativa, la película de Oliver stone explica a la perfección en qué consiste el negocio, cómo es la cadena productiva, las redes del mercado, las estrategias para establecer los precios… eso sí, sin olvidar en ningún momento el motor que mueve todo el proceso. El pavor alentado por ensañamientos violentos. “¿Tanta delincuencia y violencia… ¿No le afecta emocionalmente?” Fue la última pregunta para don Winslow en aquella entrevista. “Me afecta, sí. y a veces no sé si consigo hacerle frente. al mismo tiempo, tengo a mi mujer y a mi hijo e intento separar ambas cosas. Decidí dejar el oficio de detective privado cuando me sorprendí repasando las fotos de una autopsia al tiempo que me comía un bocadillo. Cuando escribí El poder del perro estuve cinco años y medio viviendo con eso y al final me deprimí. Pero, en general, suelo ser alguien feliz. pero es verdad que se me quedaron grabadas algunas cosas que son difíciles de olvidar”.

Una sensación que parece que ha buscado Oliver stone con la película, donde, se pone un empeño especial en mostrar cómo un ser humano puede entrar en esa cadena de agresiones y excesos, como si la violencia llevara a una adicción difícil o imposible de superar.

 

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