Cédric Kahn: “Antes de cualquier adicción siempre hay una historia tremenda”

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‘EL CREYENTE’ / El director Cédric Kahn reflexiona sobre el poder de la solidaridad y la amistad y sobre la esencia de la fe en esta película. www.cinesrenoir.com

El jovencísimo Anthony Bajon se alzó con el Oso de Plata al Mejor Actor en el Festival de Berlín por su interpretación del personaje de Thomas, un toxicómano de 22 años que llega a una casa en las montañas para superar la dependencia. El chico se une a una comunidad religiosa aislada en la que los jóvenes se rehabilitan a través del recogimiento espiritual. Thomas tendrá que pelear con sus demonios interiores, con su rechazo inicial y con la presencia de Sybille, de la que comienza a enamorarse. Solo venciendo esa lucha podrá descubrir los valores reales de la amistad, el trabajo, el amor y la fe.

Es la historia de la nueva película del actor, director y guionista Cédric Kahn, que, a pesar de tratar el tema de la religión –cosa que hace desde cierta distancia de agnóstico-, se ocupa principalmente del poder del colectivo, de la solidaridad, del encuentro de uno consigo mismo y de la esencia de la fe, con o sin religión por medio.

LA GRAN ILUSIÓN.- ¿La religión tiene el poder de manipular a la gente?

CÉDRIC KAHN.- No tengo opinión sobre eso. No he tenido una educación religiosa ni he seguido una vida religiosa. Pero creo que la religión puede ayudar a muchísimas personas en el mundo a aceptar la muerte, prometiéndoles una vida mejor en el más allá después de todos los esfuerzos que han hecho. En la película se habla de una casa que no está llevada por curas, sino por antiguos adictos que están dispuestos a recibir a toxicómanos nuevos.

“No soy creyente, pero creo que la religión puede ayudar a muchísimas personas en el mundo a aceptar la muerte”

LGI.- A pesar del contenido sobre religión, parece que lo que más ayuda a estos chicos es la solidaridad entre ellos, ¿lo cree así?

CK.- Sí. Todo está basado en una idea de solidaridad y entendimiento dentro del sufrimiento y el dolo. La oración forma parte de la terapia, pero también están el trabajo, la disciplina, el testimonio, la privación… Volviendo a la pregunta anterior, hay dos autoridades religiosas en la película, el cura del pueblo que es bastante progresista y que cuando el niño le dice que quiere convertirse al sacerdocio, le dice: “Oye, tranquilo, vamos a ver si estás seguro y no te estás dejando llevar”. Eso es lo contrario a la manipulación. Otra es la monja superiora, que es más ambigua, que quiere que el chico escoja el camino de su propia verdad. Aunque ahí también se puede ver la violencia, porque le abofetea, como forma de manipulación. A los espectadores más católicos esa secuencia es la que más les molesta, pero yo quería mostrarlo sin edulcorarlo, aunque sabía que había riesgos en ello.

LGI.- Los chicos son toxicómanos…

CK.- Siempre se critica a los toxicómanos y se les tacha de mentirosos, que es el gran mal de los adictos, pero yo más bien tengo la sensación de que estos chicos están en el camino de la verdad. Y, ya termino con la manipulación, pero creo que se puede encontrar en muchas cosas, como la política. Querer tener poder sobre la gente es lo que da lugar a la manipulación, se puede ver en la historia, siempre se produce cuando la religión se mete en el terreno del poder. El problema con la religión no surge hasta que ésta se convierte en un arma política.

Siempre se critica a los toxicómanos y se les tacha de mentirosos, que es el gran mal de los adictos”

LGI.- ¿Era para usted importante resaltar la idea de colectivo, de comunidad?

CK.- Nunca pensé que iba a hacer una película sobre la religión, porque no me interesa especialmente, lo que me interesa es la fe. Se puede tener fe sin la religión, fe en la amistad, por ejemplo. Lo que salva a estos chicos es la vida en comunidad y también el testimonio, contar lo que eran sus historias antes de la droga.

LGI.- Todos los chicos cuentan sus historias, menos el protagonista, ¿por qué?

CK.- Intentamos contar la historia de este chico de un modo más clásico, contar lo que le pasaba antes de llegar a la casa, pero era como hacer un personaje de western. El personaje es él y todos los demás, no se cuenta su historia, pero seguramente precisamente por ello se puede contar la historia de todos los demás. Todos posan ante la cámara y cuenta sus historias, que son tremendas.

“Lo que salva a estos chicos es la vida en comunidad y también el testimonio, contar lo que eran sus historias antes de la droga”

LGI.- ¿Funciona la película como metáfora de lo difícil que es vivir en el mundo de hoy?

CK.- Siempre he pensado que la película habla de más cosas, además de las drogas y la religión. Habla de los sufrimientos, la depresión, la relación de unos con otros, la soledad, la incapacidad de entender la historia de uno mismo. Antes de cualquier adicción siempre hay una historia tremenda, no cae del cielo. Ahí está la metáfora de la reconstrucción de los vínculos con nosotros mismos.

LGI.- ¿Hay intención de llamar la atención sobre el compromiso y la responsabilidad, bastante ausentes en el mundo de hoy?

CK.- De ser adulto como hay que serlo. La consideración con los demás es lo más importante y pensar que uno puede ayudar a otro y el otro a ti.

“Tengo una empatía especial con la gente perdida o la gente marginada. La droga no es en eso un problema más concreto que otros”

LGI.- ¿Tiene especial interés en el tema de las drogas?

CK.- Tengo una empatía especial con la gente perdida o la gente marginada. La droga no es en eso un problema más concreto que otros.

LGI.- La presencia de la naturaleza en la película ¿es clave en la esencia de la fe?

CK.- Es esencial. La ciudad se asocia con la droga, la tentación, la recaída… Yo no soy creyente, pero cuando veo un paisaje como el de la película, con esa luz, tengo dudas. Esas montañas dentro de 1000 años se volverán a ver.

LGI.- Haciendo esta película, ¿ha descubierto algo de su propio yo?

CK.- Sí, que ejerzo el cine como una forma de fe de creencia. Hay algo místico en la creación de una película. Cuando hago una película, espero un milagro, necesito creer eso. También he descubierto el poder de la oración. Por otro lado, cuando se elige un actor se espera un milagro maravilloso y  Anthony Bajon es maravilloso.

Dirección: CÉDRIC KAHN. Guion: FANNY BURDINO, SAMUEL DOUX Y CÉDRIC KAHN. Producción: SYLVIE PALAT Y BENOÏT QUAINON. Fotografía: YVES CAPE. Montaje: LAURE GARDETTE. Música: NICOLAS CANTIN, SYLVAIN MALBRANDT Y OLIVIER GOINARD. Reparto: ANTHONY BAJON, DAMIEN CHAPELLE, ALEX BRENDEMÜHL, HANNA SCHYGULLA. Distribuidora: SURTSEY FILMS. Estreno: 14 de junio de 2019.

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