José Sacristán, inspiración del nuevo cine español

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Es uno de los grandes actores españoles, miembro de una generación de intérpretes gigantes, formadísimos, brillantes… Hace muy poco dio otro paso nuevo en su carrera. Reconocidísimo en la televisión, permanente en el teatro, presente en el cine de los veteranos, ahora, además, se ha convertido en inspiración de los nuevos cineastas de nuestro país. Los realizadores que buscan dentro del cine nuevas formas de narrar le cortejan. Y Carlos Vermut, uno de ellos, se le llevó al huerto con el guion de su segundo largometraje, Magical Girl, Concha de Oro en San Sebastián.

Allí, en el certamen donostiarra, el jurado coronó esta nueva faceta de su trayectoria concediéndole la Concha de Plata al Mejor Actor por su trabajo en El muerto y ser feliz, otro título de este llamado nuevo cine independiente español. En 1978 ya había merecido este reconocimiento por Un hombre llamado flor de otoño (Pedro Olea).

Inolvidable en sus papeles de Carlos Galván, de El viaje  ninguna parte (Fernando Fernán Gómez, 1986, o de Hans de Un lugar en el mundo (Adolfo Aristarain, 1992), su nombre no encabezó un reparto durante algunos años, hasta que reapareció como protagonista en la película de David Trueba Madrid, 1987.

Un veterano periodista y su joven discípula se quedan encerrados en el baño de una casa durante un fin de semana. Dos personajes que hablan sobre diferentes cuestiones, era una situación que le daba una vez más la oportunidad de revelarse ante el público como uno de los mejores. Un año después hizo la mencionada El muerto y ser feliz, a la que han seguido Magical Girl y Murieron por encima de sus posibilidades, de Isaki Lacuesta, otro de los nuevos cineastas españoles.

 

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