‘No soy una estrella de rock’ / “Amo la música, creo que es lo más hermoso del mundo”

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La película de Bobby Jo Hart, No soy una estrella de rock, es la narración de ocho años de la vida de la pianista canadiense Marika Bournaki, desde los doce hasta los veinte años. Una historia de amor por la música. En cines, en Renoir Plaza de España, dentro de la programación de abril de El documental del mes.

Una niña volando una cometa da inicio a un relato de búsqueda de identidad y de descubrimiento, el de la prodigiosa pianista canadiense Marika Bournaki, a la que sigue una cámara durante ocho años, hasta que cumple veinte, documentando el proceso de aprendizaje, desarrollo del talento y, sobre todo, de creciente amor por la música. No soy una estrella de rock retrata el creciente estrés y la presión que van acorralándola a ella y a su familia, que pagará las consecuencias de una sacrificada vida dedicada al arte.

“Estoy cansada”

Con doce años, Marika Bournaki se maquilla y desmaquilla con soltura después de algún concierto y ya pronuncia dos palabras que repiten a lo largo de los años: “Estoy cansada”. Viajes entre Montreal y Nueva York para estudiar, prácticas y prácticas que le impiden tratar con su familia –“está todo el tiempo tocando el piano, así que no tiene mucho tiempo para jugar conmigo”, dice su hermana pequeña-, despedidas y separación de sus amigas del colegio, el prematuro inicio de una vida en soledad para seguir con la música, desplazamientos de unas ciudades a otras para ofrecer recitales… Marika se recuesta agotada en un taxi, tiene solo 16 años y ya verbaliza el estrés con el que vive, “pero la música me hace feliz y yo hago feliz a otra gente”.

«Está todo el tiempo tocando el piano, así que no tiene mucho tiempo para jugar conmigo», dice su hermana

Hace feliz a sus padres, un violinista y una bailarina frustrados, que han puesto en ella las expectativas que ellos mismos fueron incapaces de cumplir. Sin embargo, es justamente con su padre, cuando tiene 17 años, con quien estalla en la primera crisis de su carrera, en un viaje a Londres para ofrecer un concierto en el Wigmore Hall.

El renacimiento

La quiebra es inevitable. Su madre recuerda entonces cómo los hermanos de Marika hablaban entre ellos y se decían cosas como: “No lo entiendes, nosotros no tenemos una carrera”. La carrera musical era la de su hermana mayor, con la que su padre viajaba permanentemente, mientras su madre se ocupaba de los otros hijos. Así, la distancia se fue ampliando y llegó el divorcio de los padres, el aparente desmoronamiento de la familia.

Marika Bournaki renace dispuesta a disfrutar y a «compartir la música con la gente alrededor del mundo»

Y de ahí renace una Marika Bournaki espléndida, renovada, dispuesta a disfrutar de la música, a “compartir la música con la gente alrededor del mundo”, a tocar para los niños, espectadores que nunca la juzgan… porque en todo este proceso de sacrificio lo que jamás ha perdido ha sido su fascinación por la música. “Amo la música, creo que es lo más hermoso del mundo”. No soy una estrella de rock se revela entonces como una película con final feliz en la que, además, el espectador ha recibido el regalo de disfrutar del talento de esta gran pianista.

En Renoir Plaza de España:

  • 4 de abril, a las 16,00 h., 18,00 h., 20,00 h. y 22,00 h.
  • 11 de abril, a las 20,00 h.
  • 18 de abril, a las 20,00 h.
  • 25 de abril , a las 20,00 h.

Dirección: Bobbie Jo Hart. Producción: Bobbie Jo Hart. Fotografía: Bobbie Jo Hart. Montaje: Howard Goldberg. Sonido y música: Daniel Toussaint. Distribuidora: Paralell 40. Estreno: 4 de abril de 2013. www.parallel40.com

 

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