Diego Luna vuelve a ponerse tras la cámara para rodar una historia de la migración. Protagonizada por la joven actriz Anna Díaz, la película es una adaptación de la novela de Brenda Navarro. A competición en sección Horizontes Latinos de San Sebastián.

El director y actor Diego Luna cuenta en Ceniza en la boca la historia de una mujer en busca de una vida mejor. Lucila viaja con su hermano Diego desde México para encontrarse con su madre en Madrid, quien lleva ahí ocho años trabajando ilegalmente para mantenerlos. Al llegar, la vida que los espera resulta más dura de lo que imaginaban.
Coescrita por él junto a Abia Castillo y Diego Rabasa, la película es una adaptación de la
novela de Brenda Navarro, en la que participan también en el equipo artístico
Adriana Paz, Luisa Huertas, Guillermo Ríos, Sergio Bautista y Benny Emmanuel,
entre otros.

LA GRAN ILUSIÓN: ¿Cuál
es el punto diferente que encontraste en el libro para querer llevar esta historia
al cine sin repetir otras de migración que ya se han contado?
DIEGO LUNA: En el libro lo que encontré es algo que
es particular de este momento que estamos viviendo. A raíz de lo violento que
resulta cruzar México para los migrantes, ahora una buena parte de la migración
que acostumbraba a transitar por nuestro país en las últimas décadas esté
buscando otra salida.
LGI: Cambian EE.UU.
por España.
DL: Cruzar México
es de una violencia brutal y luego llegar a la frontera y enfrentarse a este
miedo sembrado… y la política migratoria que Trump ha llevado a un terreno de
lo inconcebible… hace que España sea una puerta hacia Europa. Esa historia de
las comunidades latinoamericanas que llegan a España para tratar de encontrar
un sitio en Europa y pensar además en ir y venir, que es una cosa a la que la
migración renunciaba. Ahí yo encuentro una posibilidad de hablar de todo lo que
podría estar pasando entre América Latina y España.
“Una buena parte de la migración que acostumbraba a transitar por México en las últimas décadas esté buscando otra salida”
LGI: ¿Hay intención
de una dimensión política en la película?
DL: Sí,
claro que se puede. También te diría que hay una cantidad de prejuicios
brutales. Esta es una historia de ida y vuelta, o sea, es importante que nos
replanteemos nuestra relación, que recordemos todo aquello que nos acerca, que
nos conecta. Con los españoles nos hemos olvidado de todo lo que nos acerca y los
españoles han olvidado toda la buena acogida que les dieron los mexicanos. La
historia está siendo injusta con la gente que es más frágil, que ahora son los latinoamericanos.
LGI: ¿Ese es el gran
reto, destrozar los prejuicios?
DL: No nos
contamos la misma historia, nos cuesta mucho trabajo entonces tener una
relación horizontal. Pero somos capaces de cosas hermosas como nos ha
demostrado la música, como nos demuestran las distintas migraciones que ha
habido de España a México y la forma de recibirse, como la cantidad de
historias mexicanas que han sembrado cosas tan lindas en España. Ahora también
hay un reto, al que todas las sociedades están teniendo que enfrentarse hoy en
día, el de que cada vez son más los que se mueven, cada vez son más los que
llegan y cada vez, por ende, son más los que reciben, y cuando tú recibes
demuestras quién eres.
“Con los españoles nos hemos olvidado de todo lo que nos acerca y los españoles han olvidado toda la buena acogida que les dieron los mexicanos”
LGI: La película se centra en las mujeres migrantes, que abandonan sus familias para cuidar las de
otros en otros países.
DL: Sí, y aquí lo que me gustó de esta historia que
encontré en el libro de Brenda Navarro es que en el fondo el camino de este
personaje es el de una joven que está en búsqueda de ese cuidado esencial que
todos necesitamos. Su forma de asegurarse la vida es cuidando a otros para
sobrevivir, cuidando primero a su hermano como si fuera su madre, pero luego
cuidando niños y luego cuidando adultos mayores, es su forma de sobrevivir y de
manifestar su importancia en este mundo. Y, paradójicamente, es alguien que está
pidiendo a gritos también tener eso, lo mismo que ella es capaz de ofrecer. Y
eso habla de la generosidad que podemos encontrar los unos en los otros.
LGI: Cuando se habla
de migraciones y refugiados, se piensa mucho en guerras, en catástrofes climáticas,
en pobreza... pero tú dedicas una parte de la película a explicar el contexto
de violencia de México y lo difícil que es vivir en un país en esa situación. ¿Es
una manera de que el mundo entienda cuál es la situación también de estas
personas?
DL: Y es que en general, los receptores de esta
violencia que te obliga a migrar, que te expulsa, son aquellos de menos
recursos, esa es la cosa brutal de México. Entonces sí, a mí me parece
importante contar las historias detrás de la gente que se mueve, ¿por qué
alguien dejaría todo atrás? ¿por qué alguien renunciaría a todo lo que le ancla,
a lo que le representa? ¿por qué alguien se pondría incluso en peligro con tal
de dejar esta situación? Para mí es importante hablar de ello, de cómo estos
países que son generadores de esta violencia han aprendido a normalizarla. Y aquí,
Brenda Navarro habla de la violencia dentro de las comunidades militares, que es
un ángulo que yo no había profundizado y me parecía una buena herramienta para
hablar de todo eso.