Carla Simón: “Fue muy doloroso darme cuenta de que no me acordaba de mi madre biológica”

‘VERANO 1993’ / La joven cineasta debuta con Verano 1993, película inspirada en su propia infancia, cuando murieron sus padres y tuvo que irse con su nueva familia. El filme ha ganado varios premios nacionales e internacionales, entre otro el de Mejor Ópera Prima en Berlín. www.cinesrenoir.com

Uno de los grandes descubrimientos cinematográficos de este año ha sido Carla Simón, la joven directora y guionista que conquistó en Berlín el Premio a la Mejor Ópera Prima con Verano 1993. La película, que ha ganado también en Málaga, Buenos Aires y otros festivales, es una delicada historia de infancia, dotada de gran autenticidad y valentía emocional, inspirada en la propia vida de su autora.

Frida tiene siete años y sus padres han muerto de SIDA. En el verano de 1993 se va a vivir con su familia de adopción, una pareja estupenda y una nueva hermana pequeña. La confusión y el enfado de la niña, el dolor, los cambios obligados… influirán decisivamente en sus emociones en ese periodo de transición. La pequeña Laia Artigas, sorprendente descubrimiento, es la gran protagonista. Con ella, están en el reparto Bruna Cusí y David Verdaguer.

Verano 1993 es una película de mayoría femenina en sus equipos. Cuando ya existía el guion, animada por la productora Valèrie Delpierre, Carla Simón lo presentó en varios laboratorios. Fue seleccionado en el taller de guion de la Fundación SGAE y en CIMA Mentoring, que organiza la Asociación de Mujeres Cineastas. De éste último surgió la segunda productora de la película, María Zamora. “No me he sentido distinta por ser mujer y el equipo salió así sin pensar en ello, pero cuando ves los número te das cuenta de lo que está pasando de verdad. Las cuotas son necesarias”.

LA GRAN ILUSIÓN.- Esta es una película nacida de sus memorias, pero la memoria juega a veces malas pasadas…

CARLA SIMÓN.- Sí, desde luego. Yo era muy pequeña y la memoria es selectiva. He tenido que hacer un ejercicio para acordarme no solo de cosas concretas, o no tanto, como de las sensaciones. Tuve que inventar algunas secuencias. Pasé un par de semanas en casa de mis padres, hablé mucho con ellos, escaneé fotos, hay escenas que tienen hasta encuadres parecidos, y así conseguí mucho material. El primer borrador del guion era más una recopilación de memorias sin estructura. Lo más doloroso de todo fue darme cuenta de que no me acordaba de mi madre biológica. Leí muchas de sus cartas, hice incluso un cortometraje, La cuna, para recuperar su persona.

“Pude entender a mis padres, a mi hermana, pero comprendí que la historia que yo sabía era la mía, no la de ellos”

LGI.- Terminada la película ¿se reconoce en el viaje emocional de la niña protagonista?

CS.- Sí. Fueron saliendo cosas en ese viaje psicológico. De hecho, no sabía muy bien que me había sentido así y que había hecho algunas cosas no muy buenas… El proceso fue más largo en realidad, pero mi intención era reflexionar y entender, aprender de las personas que me rodeaban. Con lo que me contaban yo iba construyendo un imaginario, pero muchas veces había distintas versiones de la misma cosa. Descubrí cosas que quería retratar, pude entender a mis padres, a mi hermana, pero comprendí que la historia que yo sabía era la mía, no la de ellos.

LGI.- Con Verano 1993 ha hecho usted un ejercicio de impudicia. La niña, Frida, tiene momentos en que puede llegar a resultar antipática. ¿Ha sido dura esa exhibición?

CS.- La película retrata a una niña que no era inocente. Además, a mí me han educado en “sí, murió tu madre, pero, ya. No eres una víctima de nada”. Victimizar al personaje no llevaba a ningún lado. Pero, además, los niños no son inocentes, tienen partes oscuras. Y ella es una niña herida y está enfadada. No recordaba bien cómo había sido con mi hermana, pero sí tenía en mente de una manera abstracta que había tenido sentimientos contradictorios.

“Victimizar al personaje no llevaba a ningún lado. Pero, además, los niños no son inocentes, tienen partes oscuras”

LGI.- Con esto, los espectadores podrían no empatizar con la niña, ¿no era muy arriesgado?

CS.- Yo creo que el espectador empatiza si cuentas el por qué, aunque la niña haga cosas un poco chungas. Por otro lado, los niños tienen ese magnetismo que hacen que empatices más rápido con ellos que con un adulto. Pero tenía que contar la parte oscura, no es una pobre niña. En Francia, una periodista dijo que la niña era de bofetada y media, pero en general la reacción ha sido sorprendente, en algunas proyecciones hasta me han dado las gracias. El que ella se porte mal genera muchas cosas. Luego he leído mucho sobre adopciones y parece que es un comportamiento normal.

LGI.- El esfuerzo de recopilación de memorias luego lo puso en manos de dos niñas, ¿cómo trabajó con ellas para cumplir más o menos el guion?

CS.-Con los niños no puedes controlar, no queríamos ser intrusivos con ellas rodando. El primer paso fue el casting, claro. Era importante que se parecieran a los personajes, porque finalmente iban a ser ellas mismas, son niñas. Era fundamental la relación entre ellas, esa cosa de rivalidad y amor. Ensayamos, creamos memorias compartidas de cosas que supuestamente habían sucedido antes del verano de 1993, jugábamos a que su mamá estaba en el hospital… Después de todo el trabajo, hicieran lo que hicieran no se iban a salir mucho del guion.

“Tenía que contar la parte oscura, no es una pobre niña. En Francia, una periodista dijo que la niña era de bofetada y media”

LGI.- Ha conseguido un final prodigioso, ¿cuántas tomas costó rodarlo?

CS.- El final tenía que ser ese, estaba escrito desde la primera versión del guion. Yo me sentía culpable porque no había llorado el día que se murió mi madre. Ella tenía que llorar, pero no había manera. Rodamos sin que llorara, pero repetimos y lloró. Y, curiosamente, el final más feliz era en el que la niña lloraba.

LGI.- ¿Por qué ha querido contar su historia de infancia?

CS.- No necesitaba ninguna catarsis con la película. Siempre he trabajado con niños, ahora sigo con el programa Cine en Curso, donde doy clases a niños, y me apetecía contar cómo un niño se enfrenta a la muerte. Pensé que yo tenía una mirada muy concreta sobre eso y, tal y como nos decía siempre un profesor de la escuela, lo mejor es empezar hablando de lo que uno sabe.

“Yo me sentía culpable porque no había llorado el día que se murió mi madre. Ella tenía que llorar al final”

LGI.- No ha querido cambiar la época, ¿eso hacía más fácil acercarse a sus propias emociones?

CS.- Por una parte sí, pero además quería reflejar esa época, esa generación, el momento del SIDA… la época me daba para hablar de muchas cosas.

LGI.- Es su ópera prima y ha tenido un enorme éxito. ¿Siente la presión?

CS.- Sí, siento la presión. Pero pienso que tengo que calmarme. Todo ha sido muy rápido. Rodamos hace solo un año, ha sido como un tren de alta velocidad. Hay momentos que me entra como el pánico, pero me repito que cada momento bonito se tiene que celebrar.

“Creo que sí tenemos una sensibilidad especial las mujeres y empiezo a ser consciente de la desigualdad que hay”

LGI.- La película la ha producido Valèrie Delpierre y ha trabajado con bastantes mujeres jefes de equipo…

CS:- No me he sentido distinta por ser mujer y el equipo salió así sin pensar en ello, de una forma natural. Pero ahora creo que sí tenemos una sensibilidad especial las mujeres y empiezo a ser consciente de la desigualdad que hay. Por eso he estado hablando con la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA) en Cataluña, que me han enseñado los números y entonces te das cuenta de lo que está pasando. Las cuotas, que yo las pensaba antes de una manera, ahora creo que son absolutamente necesarias.

LGI.- ¿No ha tenido, entonces, que demostrar autoridad en el rodaje?

CS.- Bueno, yo funciono por persistencia, no soy nada agresiva para trabajar. Ahora me doy cuenta de que soy una mujer, de cincuenta kilos y joven, pero no puedes dejar de ser tú misma. Si tienes que confiar en alguien es en ti mismo.

 

 

Dirección: CARLA SIMÓN. Guion: CARLA SIMÓN. Producción: SAMUEL SÁNCHEZ. Fotografía: SANTIAGO RACAJ. Montaje: AINA CALLEJA. Reparto: LAIA ARTIGAS, PAULA ROBLES, BRUNA CUSÍ, DAVID VERDAGUER, ISABEL ROCATTI, FERMÍ REIXACH. Distribuidora: AVALON. Estreno: 30 de junio de 2017.

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