Pablo Berger: “Para ‘Blancanieves’ quería un Hollywood ibérico”

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Pablo Berger ha dedicado siete años a levantar su segundo largometraje, una versión libre del cuento de los hermanos Grimm. Su Blancanieves es una película en blanco y negro, muda, ambientada en la Andalucía de los años 20, donde no hay príncipes ni princesas ni castillos, pero hay matadores, toreros y cortijos. Y, por supuesto, una malvada madrastra, enferma de celos. Un tono sombrío, cierta crueldad y una clarísima moraleja acompañan a una estética singular. El cineasta está viendo recompensado su esfuerzo, la película, que acaba de proyectarse en el Festival de San Sebastián y está desde hoy (28 de septiembre) en los cines, representará a España en la carrera por el Oscar de Hollywood y en la de los premios Ariel de México.


LA GRAN ILUSIÓN.- ¿Qué fue primero Blancanieves o el cine mudo en blanco y negro?

PABLO BERGER.- El cine mudo. El Festival de San Sebastián ha sido mi escuela de cine, he ido desde los 17 a los 24 todos los años y en uno de esos vi Avaricia con una orquesta en vivo. Era la primera vez que veía una película muda proyectada y sentí cosas que nunca antes había sentido con una película convencional. Me llevó a otro lugar, es el síndrome Stendhal. Y pensé que algún día haría algo así. Desde los cortos tengo el gusanillo del cine mudo. Mi debilidad son las películas de los años veinte, las estudio, las busco…

LGI.- ¿Y Blancanieves cómo apareció?

PB.- Años después, mirando el libro España oculta, de Cristina García Rodero, vi unas fotografías de toreros enanos. ¡Había en ellos tal dignidad! Me transmitían una historia. En mitad de una fotografía coloqué a Blancanieves torera. Desde entonces el libro ha viajado conmigo. Escribí tres páginas de guion en 1993, pero hasta después de estrenar Torremolinos 73 y pasar por varios festivales, en que ya no tuve excusas, lo estuve posponiendo. Entonces pensé: “Ahora vengo de un éxito y será más fácil mover un proyecto complicado”. Pero en 2005 empecé a mover el proyecto por productoras y me cerraron todas las puertas, no querían una película muda. No me extrañó, hasta cierto punto lo entendí. Al final el guion le gustó a Ibon Cormenzana y encontramos puertas abiertas fuera de España.

“Aquí soy guionista y director y eso te da una fuerza especial,es como ser el dueño del balón”

LGI.- ¿Siempre tuvo confianza en el proyecto o los productores españoles le llegaron a contagiar?

PB.- Los directores tenemos que ser positivos, para levantarte cada mañana durante años, en este caso siete, tenemos que pensar que tenemos una historia y un guion que interesan. Aquí yo soy guionista y director y eso te da una fuerza especial, es como ser el dueño del balón. A mí lo que más me apasiona es comunicar, contar una historia. En los pases que hemos hechos hemos visto que la película conecta con el público.

LGI.- La puesta estética es fundamental en la película. Además del cine mudo de los años veinte, ¿cuáles han sido los otros referentes?

PB.- Quería una mezcla, un Hollywood ibérico, lo glamouroso de Hollywood con más imaginación, improvisación y pasión. El elemento visual es un aspecto fundamental de la película.

LGI.- Blancanieves habla del maltrato infantil, de la discriminación… ¿de qué más?

PB.- De la manera en que una mujer se enfrenta al envejecimiento, de su rivalidad con su hija, de cómo tratamos a los que son diferentes… En la película está el tono oscuro del cuento y, hasta cierto punto, lo que hay de cruel y moraleja. Los cuentos clásicos se mantienen porque son grandes historias, no es casual que sigan en el imaginario de todos.

“En la película está el tono oscuro del cuento y, hasta cierto punto, lo que hay de cruel y moraleja”

LGI.- No se pierde tampoco en la película esa galería de personajes, donde los malos son malos sin fisuras, ¿no es muy arriesgado eso en el cine o es que es así en la realidad?

PB.- Los malos de la película son de gran guiñol, malos de opereta, con los que quería añadir maldad y humor al mismo tiempo. Los buenos son lo contrario, la verdad de tres dimensiones, que sienten, sufren y tienen emociones sinceras. El riesgo era conseguir que pudieran convivir, pero se complementan de maravilla.

LGI.- En Blancanieves ¿el bien contrarresta el mal?

PB.- Los malvados son crueles y eso era importante en la película para que se acercara el tono al del cuento original. Para eso había que traducir los personajes en acciones, por eso hay secuencias que son terribles. Pero, sí, yo soy optimista, creo en la gente y en que el amor nos salva a todos. Por eso hay también momentos emotivos que contrarrestan.

LGI.- ¿Qué necesitaba de los actores para esta película?

PB.- Necesitaba dos formas de interpretar. Los malvados podían subir un punto, sin pasarse. La referencia era el cine de los años treinta y cuarenta, pero sin excesos. No quería que gesticularan hasta la deformación. Para los buenos quería lo contrario, quería verdad en la interpretación.

LGI.- Los enanos toreros ¿son toreros o son actores?

PB.- Emilio Gavira es actor, el resto son toreros o lo han sido.

LGI.- ¿Qué fue lo más difícil del rodaje?

PB.- Que empezamos con una previsión de ocho semanas y al final se quedaron en siete. Eso fue lo más peliagudo, lo que más nos costó, hacerlo sin bajar el nivel de exigencia. Y rodar en verano con más de cuarenta grados y en exteriores.

 

 

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