Charles Dickens: “El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta”

Una nueva adaptación de Grandes esperanzas llega ahora a los cines, cuando se  celebra el 200 aniversario del nacimiento de Charles Dickens. Rendimos homenaje a uno de los grandísimos escritores de la historia y repasamos su vida en diez apuntes.

1.- Nació en una familia pobre. La falta de medios hizo que no pudiera acudir a la escuela hasta los nueve años. Su padre era un derrochador que terminó pasando una temporada en prisión por falta de pagos.

2.- A los doce años, Charles Dickens trabajaba en una fábrica de betún. Cuando la familia tuvo una situación un poco mejor, no permitió, sin embargo, que él abandonara el empleo.

3.- Fue un fanático de la lectura. Dos libros que le gustaban mucho eran Robinson Crusoe  y Don Quijote de La Mancha.

4.- Escribió al principio con el seudónimo de Boz. Trabajaba en un periódico como cronista parlamentario y en otro escribía sobre la clase trabajadora a la que él pertenecía. Fue máximo responsable del Daily News, donde inició secciones de interés sentimental.

5.- Algunas de sus obras más conocidas son: Los papeles póstumos del Club Pickwick, Oliver Twist, Canción de Navidad, David Copperfield, Tiempos difíciles, Historia de dos ciudades y Grandes esperanzas.

6.-Defensor de los desfavorecidos, denunció la pena de muerte, la pobreza, la esclavitud…

7.- Viajó muchísimo a lo largo de su vida.

8.- Sus obras tuvieron enorme éxito ya en su época. Y todas han sido llevadas al cine o a la televisión.

9.- Se encontró con Alejandro Dumas y con Julio Verne en París, donde mantuvieron una buena amistad.

10.- Murió con 58 años a causa de una hemorragia cerebral. Fue enterrado sin pompa, según sus deseos, en la Abadía de Westminster, en el ‘rincón de los poetas’, entre Handel y Sheridan.

1 comentario

  • alfonso ormaetxea dice:

    Indigesto cuento victoriano
    Personalmente nunca me ha gustado Charles Dickens. Me parecía que sus libros eran tan sórdidos como los fish & chips e igual de aceitosos, describiendo lo peor de la etapa victoriana con ciertos aires pacatos de crítica social edulcorada. Para construir el imperio británico esa moral y esa hipocresía eran condición indispensable. Se prohibía el esclavismo, sí, pero para potenciar su revolución industrial y la mano de obra cualificada desmantelando el sistema de producción textil de India por ejemplo. Y qué decir de los modales, la educación y la agudización ad nausea de las diferencias sociales. Del sexo mejor ni hablamos…

    La película amontona escenas sin ton ni son, sin saber qué hacer con la original estructura de folletín por entregas del libro y subrayando una historia de amor más cursi que el festival de Eurovisión. De los actores destaca sobre todo el gran Ralph Fiennes y Robbie Coltrane. Helena Bonham Carter sigue encasillada en su papel de marioneta de su marido, el locuelo Tim Burton. La ambientación es más teatral que cinematográfica y la fotografía discreta.

    Lo mejor, los diversos acentos según la clase social y el vocabulario original, pobremente traducido en los subtítulos para una película que hay que ver en VO se sepa o no inglés.

    Pero al final se sale estragado. Como de haberse hinchado de pastel. De riñones, claro está.

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