Tayuka Katô explora las decisiones que se toman en la vida y sus futuras consecuencias en su segundo largometraje, Sigue volando, una historia que desarrolló en el teatro y en el cine, aunque con diferentes planteamientos.

“La gente de mi generación, a veces, tiene la impresión de que podemos ser expulsados de la sociedad si cometemos un solo error. Existe una presión perpetua, una elección que nos vemos obligados a tomar constantemente. Tienes que tomar la decisión correcta o corres el riesgo de que te hagan a un lado”, dice el cineasta Takuya Katô refiriéndose a la situación de su personaje principal, Watako, en Sigue volando.
La película, protagonizada
por Mugi Kadowaki, presenta a una mujer que, tras la repentina pérdida de
su amante, vuelve tranquilamente a su vida de casada, sin hablar con nadie
sobre el accidente. Cuando resurgen los sentimientos que creía haber enterrado,
se da cuenta de que su vida nunca podrá volver a ser la misma y decide enfrentarse
a todos sus problemas uno por uno.
El cineasta desarrolló este personaje protagonista en el teatro y en el cine con algunas
diferencias entre ambos. En la película optó por dejar en manos de su
protagonista la decisión que debe tomar tras la muerte de su amante, mientras
que en el teatro, ella se siente culpable, incluso se sugiere que fue quien le
mató.
“Watako decide tener un amante, pero después de su muerte se ve obligada a decidir qué sucederá a
continuación: debe elegir si es una buena idea o no quedarse con su marido
y por qué. Todas estas opciones a las que nos enfrentamos me interesaron y por
eso quería tratarlas de dos maneras diferentes”, explica.