El director y guionista John Patton Ford dirige Jugada maestra, una versión de Ocho sentencias de muerte, esta vez protagonizada por Glen Powell y con Margaret Qualley y Ed Harris en el reparto.

Un asesino convicto es el protagonista de Jugada maestra, una versión de Ocho sentencias de muerte, la comedia negra de Robert Hamer de 1949 protagonizada por Dennis Price y Alec Guinness. Ahora, los papeles principales de esta nueva película quedan en manos de Glen Powell, Margaret Qualley, Ed Harris y Jessica Henwick.
Becket Redfellow, un potencial heredero de
una fortuna millonaria, quiere ser rico, pero tiene un pequeño problema: es el
octavo en la línea de sucesión para recibir el botín. Para conseguir su
herencia organiza un plan, eliminar a los siete familiares que se interponen
entre él y la riqueza.
Hacer una versión de aquel clásico nació de la reflexión
acerca de lo actual y contemporáneo que sigue pareciendo el filme. “Pensé que
se podría hacer una versión
contemporánea fantástica en Estados Unidos. Ocho sentencias de muerte trata
principalmente sobre el sistema de clases británico, y de alguna manera
funciona como una fantasía para la gente del Reino Unido que tal vez tenga
muchas cuentas pendientes con las clases altas. Y pensé, bueno, Estados Unidos
no tiene un sistema de clases, no de la misma manera que el Reino Unido, pero
sí tenemos una brecha de riqueza emergente y absolutamente enorme. Yo diría que
ese es probablemente uno de los problemas más definitorios de mi generación.
Pensé que, ya sabes, esa estructura que tiene la película, ese concepto
asombroso, sería una forma de explorar ese tema”, dijo el cineasta en una
entrevista con NPR, donde se refirió al personaje principal.
“Hollywood tiene toda esta manía con la simpatía, como si
tuvieras que simpatizar con un personaje. ¿Cómo logramos que la gente simpatice
con este personaje y lo apoye? Siempre he pensado que eso es un poco erróneo.
Creo que el público se identificará con un personaje siempre que lo vea como un ser humano. No necesariamente tienen
que ser redimibles o hacer cosas que, entre comillas, nos gusten, pero tenemos
que creer que son personas y creer que tienen sueños, metas y debilidades. Y
entonces empezaremos, ya sabes, tal vez no a apoyarlos, pero al menos
sentiremos curiosidad por el desenlace”.