Lunes, 02 Noviembre 2026
Estrenos

La comisaría de la moral de la iglesia en la dictadura

Daniel Monzón dedica su primera película a las mujeres que sufrieron la represión y el castigo en los centros del Patronato de Protección a la Mujer. Las jóvenes Zoe Bonafonte y Manuela Calle son las protagonistas.



Daniel Monzón y el coguionista Jorge Guerrichaechevrarría han realizado una meticulosa investigación a lo largo de cinco años para escribir la historia de Ruega por nosotras, un drama que da voz a las mujeres que sufrieron la represión y el castigo en los centros del infame Patronato de Protección a la Mujer, nacido en 1941 y que no disolvió hasta 1985.

Estudiaron tesis doctorales, documentos de archivo, libros de investigación, especialmente el de Consuelo García del Cid, que estuvo encerrada en el Patronato, y cedió al equipo de la película el título de uno de sus ensayos), documentales y también decenas de testimonios de mujeres que pasaron por esta institución son la base de la película, protagonizada por las jóvenes actrices Zoe Bonafonre y Manuel Calle.

Ambientada en el año 1974, es la historia de Ana, una joven de 19 años que vive en Barcelona y es -a ojos de su acomodada familia- una chica rebelde. Tras una fuga nocturna, su padre decide ponerla en manos del Patronato de Protección a la Mujer, institución especializada en “mujeres caídas o en riesgo de caer”.

Ana es trasladada a Madrid para ser internada en un reformatorio regentado por monjas y sometida a un brutal régimen disciplinario. Allí tratará de sobrevivir buscando consuelo y apoyo en la amistad de otras chicas en su misma situación, especialmente la de Sole, una chica de pueblo con una vitalidad contagiosa que conecta al instante con ella. Esa luminosa amistad será lo que mantendrá a Ana a flote.

Estrenada en la reciente edición del Festival de San Sebastián, el mundo de esta película, como dice su director “si no estuviera basado en hechos reales, parecería surgido de la pluma de Charles Dickens. Y uno de los retos que ofrecía su puesta en escena era la recreación minuciosa de todo el entramado de aquellas comisarías de la moral, más de quinientos reformatorios diseminados por toda España, atestados de chicas de entre 16 y 25 años, que se veían obligadas a ejecutar a diario todo tipo de trabajos forzados, a rezar desde el amanecer hasta el ocaso, e incluso ofrecerse como mercancía a hombres solteros o viudos en busca de repuesto femenino”.