Hlynur Pálmason estrenó en el Festival de Cannes su nueva película, El amor que permanece, un relato que gira alrededor de lo que construimos y destruimos, pero sobre todo, de los afectos y el amor de la familia.

"Esta película trata de la naturaleza, de lo que construimos, reconstruimos y destruimos, de lo que nos une y nos separa, la falta de comunicación, los sentimientos conflictivos. Pero, sobre todo trata de la familia; es el núcleo de la película y su corazón, lo que me parece una continuación natural de mis trabajos anteriores, tanto cortos como largometrajes”. Son palabras del cineasta islandés Hlynur Pálmason refiriéndose a su nueva película, El amor que permanece.
Estrenada en Cannes y presente luego en la sección
Perlak del Festival de San Sebastián, la película muestra un año en la vida de
una familia en la que los padres están separándose. Utilizando momentos divertidos
y conmovedores, la película plasma la naturaleza agridulce del amor marchito y
los recuerdos compartidos al ritmo del cambio de temporadas.
Construida a lo largo de años, con
sus propios hijos y en el propio lugar en el que vive, con sus obras de arte
plástico, sus animales, sus espacios, la película vuelve a centrarse en el paso
del tiempo, como antes hizo en la monumental y magnífica Godland.
“Tendemos a pensar que lo
importante en este mundo es lo grande, como la política, pero para mí, en
cierto modo, lo más importante son las
cosas pequeñas e íntimas, lo que tenemos cerca: la relación con la familia,
los hermanos, los hijos, la naturaleza, la casa en que vivimos. Después de Godland, quería contar una historia que
transcurriese en la actualidad y explorar el momento en que vivimos. Quería
rodar lo que tenía cerca, a mi alrededor, en el jardín, sin necesidad de
construir ni recrear nada. Sencillamente las cosas tal como son, sin ningún
artificio. Deseaba y necesitaba trabajar con algo íntimo, habitual, incluso
feo, en vez de mirar hacia lo épico, perfecto, notable”, dice el cineasta.
“Esta película habla de momentos íntimos,
familiares y extraños, porque también hay un
aspecto onírico, pero quería que todo fuera fluido, que se moviera siempre
como el agua”.