La nueva película del cineasta Francesco Sossai, La última ronda en Venecia, ha sido la gran triunfadora de los premios David di Donatello de la Academia de Italia, al conquistar ocho de los galardones.

Francesco Sossai, inspirándose en la realidad de su propia tierra, en el abandono de la vida que hemos conocido y de los espacios de antes, convertidos ahora en lugares para el capitalismo que expulsan a los seres humanos, cuenta en La última ronda en Venecia una historia de unos hombres que se quedaron atrás, tras la crisis de 2008, y su encuentro con un joven bastante perdido.
Carlobianchi y
Doriano, dos cincuentones sin blanca con la filosofía de ‘nunca te saltes
la última copa’, conocen a Giulio, un tímido estudiante de arquitectura a la deriva
en la vida. Lo que empieza como un encuentro casual se convierte en un caótico
viaje por carretera por las llanuras venecianas, donde los malos consejos, las
resacas y una amistad inesperada redefinen los planes de vida y amor de Giulio.
Sergio Romano y
Filippo Scotti dan vida a los veteranos de este relato, mientras que el
papel del estudiante queda en manos de Pierpaolo Capovila. Además, en el
reparto de encuentra también Andrea Pennacchi, como el amigo que desapareció y
ahora vuelve.
“Lo que se respira ahora en el campo se
parece más a la soledad urbana. Ese era el sentimiento principal que quería transmitir
en la película: un campo que ya no es campo, pero que aún no se ha convertido en
ciudad. Queríamos explorar el alma de una
región que se ha transformado en un cementerio muy rico; todo lo que no
esté relacionado con el comercio está desapareciendo, los ecosistemas están
contaminados, las casas antiguas abandonadas o demolidas para dar paso a
edificios residenciales sin personalidad”, dice el cineasta.
“La civilización campesina
pertenecía a un lugar, era una expresión de la propia tierra. Una forma de vida
que habitó estos espacios durante siglos ha desaparecido. Se podría decir que hice
la película entre las ruinas de ese
Véneto”.