Domingo, 14 Julio 2024
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“Por naturaleza, un cineasta es manipulador, tiene mucho poder”

‘MIS HIJOS’ / Eran Riklis reflexiona acerca de la verdadera importancia de la identidad en el conflicto de Oriente Medio en su nueva película, una historia inspirada en la vida real de dos escritores árabes que han vivido en medio de comunidades judías. De la comedia, el cineasta, siguiendo la huella de Shakespeare, llega a la tragedia. www.cinesrenoir.com

Eran Riklis, que se ganó fama mundial con Los limoneros, ha conseguido que los críticos digan ahora que ésta, Mis hijos, es su mejor película en años. En una arriesgada progresión que va desde la comedia hasta la tragedia y sirviéndose de las vidas reales de dos escritores árabes, el cineasta israelí desmonta con total naturalidad y absoluta eficacia una de las ideas que más se han manipulado en la historia de la humanidad, la de la inmensa importancia de la identidad. Mis hijos, protagonizada por Tawfeek Barhom, se carga cualquier intento de defender nada que no sea la felicidad y derecho del individuo a vivir en paz, sobre todo cuando la agresión viene de una mayoría poderosa intransigente y cargada de prejuicios hasta las cejas. Con guion de Sayed Kashua, la película cuenta la historia del joven Eyad, un chico árabe en un internado judío en Jerusalén. Es el primer árabe allí, lo que hace la convivencia difícil. Él intenta encajar por todos los medios, pero cuando se enteran de su relación con una chica judía, tendrá que abandonar la escuela. ¿Para ser aceptado tendría que sacrificar su auténtica identidad?

LA GRAN ILUSIÓN.- Una película de un director israelí que dice que la identidad no es para tanto. ¿Cómo han sido las reacciones en Israel?

ERAN RIKLIS.- Es que es la realidad y, por otro lado, no estamos hablando de Afganistán. Los críticos de cine aman la película y creo que es porque la película es honesta y no es manipuladora políticamente. He sentido amor por parte del público de Israel.

LGI.- Pero la película destapa lo absurdo de los graves prejuicios contra los árabes…

ER.- Claro, en la realidad hay que hacer cambios. La historia muestra la ironía de la situación, pero también enseña cómo la mayoría fuerza a la minoría.
“La película enseña cómo la mayoría fuerza a la minoría, pero también muestra la ironía de la situación”

LGI.- Lo que sí se ve es cómo las dos comunidades, aunque convivan, están muy lejos. ¿Esto es como usted lo cuenta?

ER.-Sí, la gente está muy cerca, pero muy lejos. Hay un abismo cultural, social, de educación y, por supuesto, político. También hay mucha gente que quiere terminar con esto. Conozco árabes que quieren salir del estatus que tienen y gente tolerante, pero todos están muy limitados. La pregunta también es hasta qué punto se puede llegar cuando uno se quiere acercar a alguien diferente.

LGI.- ¿Su película podría acercar a las personas?

ER.- El cine es un medio popular, incluso una película pequeña con subtítulos como ésta. Cuando yo hago una película, quiero que llegue a la mayor gente posible y piensen en ella. Esta es una película local, pero es absolutamente universal, eso es algo que descubrí hace años. Y es así porque las personas somos iguales, son iguales las familias, las relaciones…
“Entre ambas comunidades hay un abismo cultural, social, de educación y, por supuesto, político”

LGI.- En alguna ocasión ha dicho que el cine en Europa sirve para concienciar. En realidad, el de EE.UU. también, ¿no?

ER.- Sí, claro. Pero lo interesante en Europa es que se intentan buscar un equilibrio entre la honestidad y los contenidos. Los cineastas tenemos una responsabilidad, tenemos que ser cuidadosos. Yo siempre intento ser honesto y respetuoso. Por naturaleza, un cineasta es manipulador, manipula ideas, emociones… tiene  mucho poder.

LGI.- A pesar de la historia que cuenta, hay mucho humor, especialmente, al comienzo de la película. ¿La comedia es nuestro último recurso?

ER.- Es el último recurso. La comedia te hace sentir más cerca de la película. Aquí, yo paso de la comedia a la tragedia, son dos extremos, porque así es más fácil ir a temas más serios. Aunque lo hago instintivamente, soy consciente de la manipulación. De la comedia a la tragedia, es un clásico, como se ha visto en Shakespeare.

LGI.- Por lo visto, el actor protagonista tiene una vida parecida a la del personaje, ¿es así?

ER.- Sí. Vive en un pequeño pueblo, tiene una relación con una chica judía, es un árabe en un internado judío…
“Lo interesante en Europa es que se intentan buscar un equilibrio entre la honestidad y los contenidos”

LGI.- Toda la película se ve con el temor de que pase algo muy grave, ¿así viven los árabes en las comunidades judías?

ER.- No, es peligroso, pero los riesgos dependen más de errores personales o de ser demasiado ingenuo… Es como si con solo con prender una cerilla se fuera a crear un gran fuego. Es la clásica situación de una minoría que vive entre una mayoría con prejuicios, ¡y eso que es una sociedad de mentalidad abierta! La tensión entre autoridades palestinas e israelíes es mucho más alta, por supuesto. Esta es una historia larga de sospechas y desconfianzas.

LGI.- ¿No cree que habrá gente que vea en su película una invitación a aceptar la derrota?

ER.- No. El final es muy abierto, el chico decidirá. Es la ironía de la situación. Desde luego las cosas podrían ser más simples, si no fuera porque a todo se le añaden palabras como religión, política, violencia… Yo soy judío israelí, pero también pertenezco a la comunidad global y en ella encuentro a muchos socios.     Dirección: ERAN RIKLIS. Guion: SAYED KASHUA. Producción: BETTINA BROKEMPER, ANTOINE DE CLERMONT-TONNERRE, MICHAEL ECKELT Y CHILIK MICHAELI. Fotografía: MICHAEL WIESWEG. Montaje: RICHARD MARIZY. Música: JONATHAN RIKLIS. Reparto: TAWFEEK BARHOM, ALI SULIMAN, YAËL ABECASSIS Y DANIEL KITSIS. Distribuidora: KARMA FILMS. Estreno: 13 de marzo de 2015. Puedes comprar tu entrada aquí.  

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