Miércoles, 28 Febrero 2024
Estrenos Reportajes

¡Bon voyage! / Los turistas del cine

Chester Macfarland y Colette, su mujer, son una glamourosa pareja de norteamericanos de turismo por Grecia, donde conocerán a Rydal, un joven compatriota. En Las dos caras de enero, como en otros relatos de la magnífica Patricia Highsmith, aparecen muy destacados personajes de viajeros distinguidos. Conocer nuevos lugares y nuevas costumbres es el motor que ha llevado a tantos y tantos turistas a viajar por los distintos rincones del planeta y, también, por el cine.

‘El hombre que sabía demasiado’ (Alfred Hitchcock, 1956)

Las vacaciones en Marruecos del doctor Ben Mackenna y su familia se convierten en la peor pesadilla. Un soberbio James Stewart, acompañado de una inigualable Doris Day, protagonizaba este thriller, una de las grandes obras del maestro del suspense. Hitchcock ya había rodado esta historia en 1934, a la que insertó pequeñas variaciones años después.

‘Los jueves, milagro’ (Luis García Berlanga, 1957)

Las fuerzas vivas de Fontecilla deciden recuperar los días de esplendor del pueblo, cuando su famoso balneario les llenaba las calles de turistas. Todos a una acuerdan inventarse una aparición mariana milagrosa para que vuelva la prosperidad a la localidad. Grandísimo José Isbert, al que acompañaban  Richard Basehart, Paolo Stoppa, Alberto Romea y López Vázquez entre otros.

‘Un hombre lobo americano en Londres’ (John Landis, 1981)

David y Jack son dos mochileros americanos visitando Europa. Su viaje es fantástico hasta que llegan a una solitaria y lúgubre zona rural de Inglaterra. John Landis mezcló con absoluta maestría el terror del género de monstruos con el humor y con algunos elementos de las comedias de adolescentes. El maquillaje se mereció un Oscar y la película se ha ganado el convertirse en un título de culto.

‘Playtime’ (Jacques Tati, 1967)

Un grupo de turistas americanos y el legendario Monsieur Hulot protagonizan diversas situaciones en esta magnífica película de Tati, que consiguió en su estreno el aplauso unánime de la crítica especializada y el rechazo, también unánime, por desgracia, del público. El cineasta se empeñó en que la película solo se viera en salas con proyectores de 70mm. lo que contribuyó a su fracaso comercial. Un traspié que llevó a Tati a la bancarrota.    

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