Jueves, 23 Mayo 2024
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“Todos merecemos una fotografía bella”

Sebastião Salgado sufrió, a comienzos de siglo, un duro ataque por parte de la pensadora neoyorquina Susan Sontag, a la que se unieron algunos prestigiosos periodistas de The New York Times. Acusaron al fotógrafo de aprovechar la miseria y el dolor humanos para componer imágenes hermosas, para hacer arte que pudiera venderse. La sombra de lo que llamaron el ‘esteticismo de la belleza’ acompañó durante mucho tiempo el trabajo de Salgado.

La película La sal de la tierra muestra, sin duda ninguna, la belleza que hay en todas las obras de este hombre, incluso en las más escalofriantes que tomó durante la hambruna de Etiopía o en las matanzas feroces de Ruanda. También muestra lo equivocadas que estaban aquellas acusaciones. La belleza está en la propia mirada de Salgado, no es algo intencionado, no lo busca. Como dice su hijo, el director Juliano Ribeiro Salgado, “lo que mi padre piensa es que todos merecemos una fotografía bella”. En el rodaje de La sal de la tierra, Sebastião Salgado, que hace unos años volvió a reconciliarse con su cámara después de haber pasado por el  infierno de la desesperanza (“le quebró tanta miseria, tanta muerte”), vio también esa belleza. Miró al equipo técnico de la película, al cineasta Wim Wenders, al director de fotografía Hugo Barbier, al guionista y productor David Rosier, al operador de cámara… les retrató y su sello quedó en esas imágenes. Son momentos que guardan esa belleza inherente a su obra, que forma parte de su propia esencia. © Sebastião SALGADO © Sebastião SALGADO © Sebastião SALGADO © Sebastião SALGADO

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