‘Perder la razón’ / Poder masculino que asfixia

El impresionante trabajo de Emilie Dequenne, que le valió el Premio a la Mejor Actriz en  la sección Una Cierta Mirada de Cannes, y el magnífico acompañamiento que le dan Neils Arestrup y Tahar Rahim (protagonistas ambos de Un profeta), apuntalan la arriesgada apuesta del guionista y director Joachim Lafosse en Perder la razón. La película, inspirada en un trágico caso real, muestra las funestas consecuencias de las relaciones de poder en la familia.

Una vez más las posiciones de poder y lo altamente nocivas que éstas son aparecen en una película de Joachim Lafosse (Posesión privada), que en esta ocasión encierra a sus personajes en el círculo familiar. La presión masculina en el entorno doméstico, el cansancio físico, la pérdida de identidad como mujer solapada por la de madre y cuidadora, y la sensación cada vez mayor de soledad terminan hundiendo emocionalmente a Murielle, la protagonista-víctima de esta tragedia. Inspirada en una terrible historial real, la película se rodó sobre un guion del director, escrito junto al cómplice habitual de las películas de Audiard, Thomas Bidegain, y junto a Mathieu Reynaert.

Es la historia del desmoronamiento emocional definitivo de una mujer, afixiada por la presión masculina de su entorno

Neils Arestrup y Tahar Rahim, protagonista de Un profeta, acompañan a Emilie Dequenne, ganadora por este trabajo del Premio a la Mejor Actriz en la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes. Ellos conforman el trío principal de Perder la razón, historia del desmoronamiento definitivo de una mujer, oprimida y anulada absolutamente por la presión masculina de su entorno. Ella es Murielle, una joven profesora, locamente enamorada de Mounir, un joven marroquí, a quien de niño adoptó André, un médico francés que, aunque no le ha dado su apellido, le ha criado como a un hijo.

Cuando los jóvenes se casan, deciden apostar su independencia por la comodidad y se van a vivir a casa de André. En muy pocos años, la pareja ha tenido cuatro hijos, el espacio se ha quedado pequeño, su seguridad económica depende cada día más de André… las cosas no son fáciles, especialmente para Murielle, que siente cómo su espacio personal y su identidad van desapareciendo minuto a minuto. Las consecuencias de una tensión emocional que va creciendo en su interior son dramáticas.

“La historia me permitía profundizar en las consecuencias de las deudas y las obligaciones perversas”

Un incidente ocurrido en Bélgica en 2007 inspiró la historia de esta película a su director, que no juega con el desenlace de la tragedia, mostrándola desde el comienzo a los espectadores. La intención no era, pues, documentar el hecho real, sino profundizar en él desde la mirada subjetiva del creador. “La historia me ofrecía la posibilidad de profundizar en lo que ya había tratado en mis películas anteriores: el amor excesivo y sus consecuencias, las deudas y las obligaciones perversas, las familias disfuncionales, la cuestión de los límites…”

“Me interesan los temas de la dependencia y el deber”, dice Lafosse, quien permite que los personajes masculinos de la historia evolucionen en contra del personaje femenino. “Ellos solo ven a  Murielle como esposa y como madre. Y, ¿qué es una pareja? Eso es parte de las preguntas que se hace la película”.

“Nosotros, al escribir el guion, no queríamos hacer una revisión de la historia, ni contar la verdad de lo ocurrido, queríamos plantear preguntas y hacer que la gente pensara y que buscara las raíces de esa tragedia”.

Consulta los horarios en www.cinesrenoir.com

 

Dirección: Joachim Lafosse. Guion: Joachim Lafosse, Mathieu Reynaert y Thomas Bidegain. Producción: Jacques-Henri Bronckart y Olivier Bronkart. Fotografía: Jean-François Hensgens. Montaje: Sophie Vercruysse. Reparto: Neils Arestrup, Tahar Rahim, Emilie Dequenne, Baya Belal, Stéphane Bissot, Mounia Raoui, Redouane Behache, Yannick Renier y Nathalie Boutefeu. Distribuidora: Karma Films. Estreno: 23 de agosto. www.karmafilms.es

2 comentarios

  • mnkspain dice:

    El comienzo de esta película es el comienzo de una historia de amor. Dos jóvenes descubren que no quieren pasar el resto de su vida sin esa otra persona y deciden empezar a vivir juntos. Rebosan de amor. La generosidad del padre adoptivo de él permite que puedan hacer realidad ese deseo y posteriormente se casan.
    A partir de ahí es cuando la película va cogiendo un toque almodovariano, por el hecho de que toda la película gira en torno a la intensa y rica vivencia que presenta de la mujer.
    La película transforma al hombre en mero instrumento al servicio de la película. Sitúa a la mujer es el centro del alma humana, el armazón de la historia, con todo un abanico de sentimientos, actitudes y vivencias: amiga, amante, profesional, madre, generosa, servicial, entregada, dócil, ingenua….. y a partir de ahí todo lo demás.

    Sería muy simple resumir todo en “una locura”, esta es la historia de un amor no correspondido, una historia de alguien que lo deja todo por amor para encontrarse con la nada, o lo que es lo mismo, el ansia de poder en todas sus versiones: la del padre y la del hijo. Una historia donde, llamativamente, el amor infantil es el más maduro (o al menos el más sincero, el de las niñas), y el amor “maduro” el más egoísta.

    El filme es una alegoría de principio a fin, pero también una antítesis y una paradoja: No hay imposibles para el amor, que rebasa cualquier diferencia, ya sea de status, cultural o religiosa. A simple vista es una mujer que lo tiene “todo para no depender de nada ni de nadie: amor, familia ideal, casa ideal… y hasta un ángel protector que vela por ellos constantemente. Pero aquí nada es gratis.

    ¿Dónde empieza el amor? ¿qué es y qué no es amor? Como la vida, como la muerte, la ausencia de amor tampoco tiene límites. La película es una reflexión sobre el amor (y el desamor) en todas sus vertientes: conyugal, paterno, filial.

    Hablar de amor es hablar de respeto, de dignidad, de límites, de gestos, de libertad… y de intimidad. Casa, viaje de novios, familia, cuenta bancaria…. incluso cama: Intimidad, y complicidad brillan por su ausencia desde el principio.

    No obstante, es todo muy sutil, el tránsito es lento, pero progresivo. Una encantadora y preciosa Murielle va dando paso a una mujer devastada, incluso físicamente, por la falta de amor: la reina se convierte en esclava, la pordiosera que está rogando al egoísmo de dos personas que le están dando todo… a cambio de todo. Un precio demasiado elevado.
    La vida sin libertad no tiene sentido. En una vida sin amor no cabe nada más: libertad, respeto, autoestima…… ni siquiera un triste beso de despedida en un aeropuerto.

    La mujer es el leit motive de la película. Como el amor. Por eso ambos van unidos. Por eso, cuando se acaba el amor, muere la mujer que allí había y todo lo que ella supone: el alma de la familia, la alegría de la casa, la compañera, la amante, la madre, la amiga. De hecho, la única persona capaz de ponerse en la piel de Murielle, aunque esté moribunda, es la madre del protagonista: una mujer machacada por la vida. Pero esa mujer es también otra metáfora de la vida sin vida que supone haber vivido siempre al servicio de otros. Como la hermana de Murielle. Como la propia Murielle.
    Llegado un punto sólo hay un lugar donde Murielle se siente libre, que es, paradójicamente, un país donde la represión de la mujer tiene aceptación universal. Incluso con su cuerpo escondido por un vestido hasta los talones, en la playa, Marruecos es el único sitio donde, Murielle puede sonreír.

    Por el contrario, la imagen que da del hombre es una imagen superficial. Y se ensaña: no tiene sentimientos, vive el presente, disfruta el presente….. hasta ahí y nada más. Incapaz de amar, de luchar… ni siquiera le interesa tener una vida propia. Ciego para ver con realidad a la mujer que ha dejado todo por amarlo. Incapaz de luchar por sus ideales, de salir fuera de sí para hacer algo por él mismo, por ella, por su familia.
    La generosidad del padre adoptivo es un mero trámite para sentirse alguien en la vida, para huir de la soledad, para no verse a sí mismo.
    La imagen masculina es dura, muy dura. La ausencia de ternura se manifiesta por todos los lados: hacia la madre, hacia la esposa, hacia las hijas.

    La interpretación es brillante. Y el tratamiento que hace de la historia (basada en un hecho real), es delicado. Pasa de puntillas para profundizar en el alma.
    No hay imágenes morbosas, sino una historia sutil, personajes coherentes, y sobre todo una Murielle que lejos de caer en el cliché de la pobre víctima se rebela hasta el final, negándose a vivir una vida que no quiere, a tragar con unos convencionalismos que no está dispuesta a aceptar, con un chantaje que llevado al extremo lo ahoga todo. La espectacular interpretación de Emilie Dequenne conmueve, hasta el punto de que uno sale del cine aliviado por la seguridad de que eso ha sido una película extraordinariamente interpretada que se queda en la gran pantalla. O no. Porque quizá en alguna parte del mundo Marruecos está aún al otro lado de la sábana blanca.

  • […] Motivos Para Verla: un dramón en toda regla y unas interpretaciones muy buenas. +info en La Gran Ilusión. This entry was posted in Días de cine and tagged cine, cine español, cine […]

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