‘Her’/ Spike Jonze: “Intentar encontrar intimidad con otra persona, ese es el reto”

Spike Jonze, autor de películas singulares, como Cómo ser John Malkovich, Adaptation, el ladrón de orquídeas o Donde viven los monstruos, reaparece ahora con Her, historia de un hombre enamorado del sistema operativo de su teléfono móvil. Joaquin Phoenix y la voz de Scarlett Johansson son los protagonistas. Globo de Oro al Mejor Guion, aspira a cinco Oscar, entre ellos, el de Mejor Película.

 

Un futuro muy próximo y un tipo que intenta superar una separación dolorosa. Theodore, que se dedica a escribir cartas por encargo, compra un nuevo sistema operativo basado en el modelo de Inteligencia Artificial. Con la voz elegida de ‘Samantha’, el SO comienza a interactuar con Theodor y cada vez aprende más de él. Hombre y sistema operativo se van acercando más y más hasta que llega el amor. Primera película con guion propio de Spike Jonze, cuenta también en el reparto con Amy Adams, Olivia Wilde, Rooney Mara, Sam Jaeger y Portia Doubleday.

LA GRAN ILUSIÓN.- Sistema operativo o no, ésta es una historia de amor de las de toda la vida, ¿le interesaba más eso que la relación del hombre con las nuevas tecnologías?

SPIKE JONZE.- Todo me parece interesante, pero el equilibrio aquí está en la historia de amor. Quería escribir de las relaciones, de las de las personas con las tecnologías y de las dos personas intentando conectar, aunque una sea solo una voz. Me di cuenta de que queriendo hablar de las relaciones era importante el momento que vivimos ahora, donde sigue siendo un reto conectar con alguien. Conectar, intentar encontrar intimidad con otra persona, ese es el reto.

“Al querer hablar de las relaciones me di cuenta de que era importante el momento que vivimos ahora”

LGI.- ¿Y las nuevas tecnologías?

SJ.- No son el problema en las relaciones. Las nuevas tecnologías son una forma nueva de crear una relación o de evitarla, de las dos cosas.

LGI.- ¿Qué me dice de la manera en que las nuevas tecnologías están afectando al cine?

SJ.- Bueno, a mí lo que me gusta es escuchar historias, escucharlas y contarlas,  y no me importa cómo se cuenten. Las historias siempre se van a contar.

“Hago las cosas que me interesan y las hago con amigos, sin saber qué va a pasar con ellas”

LGI.- Ha ganado el Globo de Oro al Mejor Guion, la película aspira a cinco Oscar, ¿cómo lleva lo de los premios?

SJ.- Es alucinante, aunque lo que más me entusiasma es cuando alguien se ha conmovido por la película y me lo cuenta. Estás tres años metido en una burbuja, trabajando con actores, con técnicos… y luego lanzas la película al mundo. Entonces viene alguien y te dice que le ha conmovido, eso es…

LGI.-Le han calificado de agitador cultural muchas veces, ¿se identifica con esa etiqueta?

SJ.- Lo cierto es que hago las cosas que me interesan y las hago con amigos, sin saber qué va a pasar con ellas. Cuando hicimos Jackass en televisión pensamos que haríamos solo ocho episodios. Lo hicimos para reírnos y pasarlo bien. Nosotros somos la primera generación que ha tenido una cámara de vídeo para contar lo que hacíamos, es la única diferencia. Además, por cada cosa que nos sale, hay diez que no salen.

 


Dirección: SPIKE JONZE. Guion: SPIKE JONZE. Producción: MEGAN ELLISON Y VINCENT LANDAY. Fotografía: HOYTE VAN HOYTEMA. Montaje: JEFF BUCHANAN Y ERIC ZUMBRUNNEN. Música: ARCADE FIRE. Reparto: JOAQUIN PHOENIX, SCARLETT JOHANSSON, OLIVIA WILDE, AMY ADAMS, ROONEY MARA, SAM JAEGER Y PORTIA DOUBLEDAY. Distribuidora: Vértigo Films. Estreno: 21 de febrero de 2014. www.vertigofilms.es

 

 

1 comentario

  • Eladio de las Cuevas Borrachero dice:

    Comparto un análisis que he escrito recientemente sobre la película.

    HER
    “Virtual insanity”

    Her es una película para ver en soledad. Porque es una película que habla precisamente de eso, de la soledad, de la incomunicación, y del aislamiento y la dificultad emocional, pero con un tratamiento tan pulcro y poético que logra evitar lecturas apocalípticas, tan de moda por otro lado, para recrearse en lo más íntimo y propio del ser humano, las emociones.

    El protagonista, un Joaquin Phoenix soberbio capaz de aguantar planos los que le echen, es un abatido hombre que no consigue recuperarse de la separación de su esposa y recurre a probar suerte adquiriendo un novedoso sistema operativo que se anuncia como la panacea para estos casos. Su inicial escepticismo va demoliéndose poco a poco según va utilizando el sistema y conociendo su sofisticada inteligencia emocional y sobre todo su poder de aprendizaje. El OS, esto es, el sistema operativo, es capaz de ir aprendiendo con cada nuevo inquilino, lo que hace que cada vez sea más perfecto, más humano, llegando hasta el punto de reconocer los cambios de humor de su propietario tan solo escuchando su entonación al hablar. Por su parte, cuanto más contacto tiene aquel con el éste más se retroalimenta y más se enriquece su base de datos, lo que posibilita cada vez nuevas alternativas de pensamiento, como si con cada nueva conversación se multiplicasen las conexiones neuronales del sistema y con ellas se elevara al infinito las posibilidades que ni la mejor teoría del caos podría suponer.

    El contacto entre ambos es mediante la voz, y de ahí que los propietarios de este OS deban llevar insertado en su oído el interface que a modo de prótesis auditiva posibilita la comunicación entre ambos. Sin ese dispositivo nada existe, por eso, y esta es una de las críticas más interesantes de la película, cuando el protagonista no consigue establecer contacto con su OS porque este interface auditivo no responde, parece sufrir un ataque de nervios, porque sin él se enfrenta al abismo del que gracias a él consiguió salir, el abismo la soledad. La dependencia con la tecnología es absoluta.

    Pero ¿cómo logra esta película, que en el fondo es una historia de amor, llegar a tan altas cotas de emoción entre sus dos protagonistas cuando de hecho no hay una figura femenina? De nuevo gracias a la voz. La poliédrica voz de Scarlett Johansson logra dotar de una materialidad cuasi humana al OS, y eso es lo que logra enamorar al protagonista. Sus inflexiones, su dicción, y su discurso hacen olvidar por momentos que se trata de una máquina, pues todo lo que él espera, ella (el OS) es capaz de dárselo, hasta el punto de un éxtasis sexual. De hecho hasta el físico sobra, pues cuando aparece una figura femenina que ofrece su cuerpo para hacer de canal entre ambos, la comunicación fracasa.

    Así se teje entre ambos una reciprocidad emocional de la que el uno absorbe de la otra la terapia que espera para curar su mal, y la otra (llegados a este punto podemos dejar de llamarlo ya OS) se alimenta de los sentimientos de éste para ir aprendiendo e incorporando no solo conceptos sino también emociones y sentimientos a su diccionario emocional.

    Lo más interesante de la película es precisamente el contraste que se establece entre el mundo asolado y solitario del protagonista cuando no está con ella (insisto, me niego ya a llamarlo OS), ya sea porque aun no la descubierto, porque tiene una crisis sentimental con ella, o porque se ha marchado, que contrasta digo con la inyección de vitalidad que ella le proporciona cuando “están juntos”.

    Situaciones como la convivencia entre humanos y máquinas se salvan de caer en la parodia o en el surrealismo absurdo, gracias a un uso perfecto de la música, la fotografía y la dosificación argumental. Este dualismo soledad-vitalidad es apoyado por la plástica, pues tanto la fotografía y la música, subrayan magistralmente estos opuestos. De esta manera la urbe que el protagonista ve desde su dormitorio actúa como antítesis de su vida solitaria y a la vez como símbolo de la rapidez y futilidad de la vida. Así tras el paréntesis de la etapa de radiante felicidad en la que convive con ella, cuando su utopía se desvanece y ella desaparece, se enfrenta de nuevo a la desolación, y la película termina con un emotivo plano en que el protagonista se sienta apoyado junto al hombro de su mejor amiga, esta sí de carne y hueso, también abatida porque sufrió un abandono similar de su OS, ambos prestándose mutuo consuelo corpóreo en el ático de su vivienda, con la toda ciudad a sus pies. Como si al final esta virtualidad insana que ambos han vivido sólo fuera capaz de encontrar consuelo en la propia naturaleza humana.

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